Prólogo del libro

En el amanecer de “Las alas de las hormigas”, mi primer y único libro, quisiera compartir una reflexión acerca del porqué de su existencia. No tengo un pasado como escritor y para ser sincero no había sentido jamás la necesidad imperiosa de escribir. Llevar a cabo este libro no ha supuesto para mí una liberación vocacional, un “toda la vida quise escribir y no sacaba fuerzas para hacerlo”. Mi motivación es muy diferente. He escrito este libro para vencer, subyugar, conquistar, dominar, ganar, someter, derrocar, reducir, aniquilar, aplastar y derrotar al miedo. Me explico. Hará cosa de un año, apareció la frase “sigue al conejo blanco” en la pantalla de mi ordenador. El luminoso pelaje de este simpático animal me pareció irresistible. Lo seguí. Y al poco tiempo pude verme a mí mismo en un viejo habitáculo de paredes gastadas, sentado en un deslucido sofá. Frente a mí, un decidido Morfeo extendía sus brazos, aguardando. Apenas lo pensé, escogí la pastilla roja y mi percepción del mundo cambió. Realicé las preguntas que la mayoría de personas no realiza, por miedo, investigué en aquellos lugares donde la mayoría no investiga, por miedo, encontré las respuestas que la mayoría de la gente no encuentra, por miedo, y sí, en el trayecto soporté oleadas salvajes de miedo aullando estrepitosamente en mi oído, pero aún así lo hice y no hay forma de expresar lo increíblemente bien que me siento ahora. La victoria sobre el miedo es algo liberador, siento con mucha alegría un cambio enorme en mi conciencia y la motivación me invade positivamente. Conocer mejor el mundo despierta en mi una gran compasión y nada en esta realidad puede resultar más dulce que ese sentimiento. Este libro ha supuesto para mí una experiencia vital. El simple acto de escribir es de por sí extraordinario, un pastel lleno de sorpresas. Es como reivindicar tu derecho a la existencia, a que el mundo perciba tu presencia, estoy aquí, vivo, ahora, y tengo algo que decir. Es algo hermoso y aún más lo es transgredir aquello que en convención social se exalta como normal o políticamente correcto. Todos, en el plano individual y colectivo, estamos condicionados por estos convencionalismos, pero los grandes creadores son transgresores y provocadores, rompen los conceptos normales, aquellas ideas que de tan acostumbrados a ellas ni las discutimos. Ellos son los que suman en este mundo, los que destapan la verdad, los que activan la posibilidad de cambiar y nos convencen de que no todo está hecho, que todavía hay mucho por crear y que nuestro poder creativo no tiene límites. Son los que escogieron la pastilla roja, las hormigas aladas, los arquitectos de la realidad. Debes saber que leer este libro no va a resultar un trago fácil, necesitarás una gran cantidad de energía para asimilar la dura información que contiene, muy transgresora. Exigirá que superes las barreras psicológicas y sociales que construiste sobre lo que se debe y lo que no se debe pensar, lo que se puede o no se puede decir y eso no resulta sencillo. El virus del miedo infectará tu mente y tu reacción natural será darte a la fuga. El cortafuegos de tu psique, tan condicionada, disparará sus “no lo hubieran permitido”, sus “ya se sabría” y sus “tanta gente no puede estar equivocada”. Son las balas de la ignorancia, del sí porque sí, el profundo abismo de la falta de argumentos que tanto caracteriza a nuestros líderes políticos, financieros o religiosos. Estás tan acostumbrado a aceptar las cosas “porque sí” que ni siquiera eres consciente de ello y es que siendo tan solo un niño cediste terreno al miedo, que es ignorancia. Ese miedo ha viajado contigo toda la vida como un polizón cruel que, escondido en las bodegas de un barco, sabotea su contenido en silencio. Maldito miedo, nos paraliza, nos hunde en el desconocimiento y nos enfrenta a unos contra otros en un divorcio que aísla, limita, enferma y empobrece. Nos obliga a dejar de pensar, a no cuestionar nuestra existencia y, como las hormigas, cavamos permanentemente túneles en la oscuridad, esclavos de un sistema que no favorece a casi nadie. Es el miedo el que nos impide ser felices. ¿Y existe un antídoto para el miedo? Sin duda: el amor. A sabiendas de poder ser tildado como romántico, cursi o cualquier otro calificativo que se oponga a la expresión libre del amor, me apetece decirlo claramente: el amor es lo más importante en la vida. Esa es una verdad tan evidente como negada o soterrada. Debemos desterrar el miedo de nuestras vidas, acoger incondicionalmente al amor y comprender que la vida es en realidad un juego creativo maravilloso que incluye a todo y a todos. Podemos y tenemos que jugar diferente si queremos un mundo mejor. ¿Necesitas motivación en tu vida? Ahí la tienes, el lienzo de la realidad que habitas será mejor si tú pones tu pincelada en él. Puedes hacerlo. Estas aquí para hacerlo. Eres un ser creativo. Cuando dices no puedo, estas diciendo en realidad no quiero. ¿Como no vas a querer ser feliz? Sí que quieres y sí que puedes. Fíjate en mí, ¿que me llevó a escribir este libro?. Vencer, subyugar, conquistar, dominar, ganar, someter, derrocar, reducir, aniquilar, aplastar y derrotar al miedo. Y lo hice.

Carlos Martín “Las alas de las hormigas”- 2013

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