Alas en el hormiguero

Una fabulosa comunidad de siete mil millones de hormigas vive en una cueva muy, muy, muy profunda. Durante generaciones, se les ha dicho que esa cueva es todo cuanto existe y así lo han creído. En ese oscuro mundo, un reducido número de hormigas líder obliga al resto de hormigas a cavar túneles sin cesar. Túneles hacia el este, túneles hacia el oeste, túneles hacia el norte y túneles hacia el sur. Incluso túneles hacia el interior, pero jamás hacia la superficie. Así ha sido siempre. Cavan y cavan en busca de alimento, asegurando su refugio y manteniendo abrigadas a sus familias. Algunas de estas hormigas, las más conformistas, son felices con sus vidas pero la gran mayoría se sienten frustradas, atrapadas en una rutina de la que no pueden escapar. Las hormigas líder, cuyo linaje se remonta a las primeras hormigas, conocen la existencia de un mundo libre y luminoso más allá de la superficie pero lo mantienen oculto como el mayor de los secretos. Si la comunidad descubriera el engaño, perderían su posición de poder y las hormigas ya no trabajarían como esclavas bajo sus normas restrictivas. Algo totalmente inaceptable. Pero en los últimos años, la evolución parece jugar en contra de sus egoístas intereses. La proliferación de hormigas se ha intensificado, dificultando el buen funcionamiento de su sistema opresor. Demasiadas hormigas suponen demasiados túneles, tantos que resultan difíciles de controlar. Sin un control exhaustivo, algunos de esos túneles podrían llegar a la superficie, alertando a las hormigas del engaño a que han sido sometidas. Las hormigas líder, muy preocupadas, deciden trazar un plan con el que evitar ser descubiertas. Pretenden reducir la población a 500 millones de hormigas, introduciendo gran variedad de venenos en el agua y en la comida, creando nuevas enfermedades y organizando trágicos corrimientos de tierra en los que fallecen por millones. Atemorizan y dividen el hormiguero en múltiples grupos y los enfrentan con toda clase de ideologías y espectáculos ilusorios. “Hormiga buena, hormiga mala”, “hormiga contra hormiga” o  “la guerra de las hormigas”, entre otros. Inconscientes de la verdadera naturaleza de sus desgracias, las hormigas se odian y se matan unas a otras y nada parece poder liberarlas del engaño. Afortunadamemte un suceso inesperado ha traído consigo la esperanza al hormiguero: la evolución ha vuelto a manifestarse y muchas de las hormigas que acaban de nacer son diferentes a las demás. En su espalda crecen unas pequeñas alas y la mayor sensibilidad de su membrana permite que capten vibraciones y sonidos procedentes del mundo exterior. Esperanzadas, tratan de alertar a sus hermanas. ¿Ruidos del exterior?, ¿de que estáis hablando?, ¿Para que desarrolláis alas, si aquí no hay espacio para volar?. Aunque el resultado inicial de sus esfuerzos no es el esperado, las hormigas aladas no se dan por vencidas y persisten en su intención de alertar a las demás. Su mayor sensibilidad las conduce a buscar donde las otras hormigas no buscan, logrando obtener aquellas conclusiones que el resto no logra alcanzar. Están motivadas, se están organizando y, poco a poco, consiguen retirar el velo que cubre las mentes de la comunidad. La fuerza de sus argumentos es tan sólida que aquellas hormigas que los escuchan, evolucionan, consiguen desarrollar sus propias alas y logran captar por sí mismas las vibraciones y sonidos del mundo exterior. Cualquier día de éstos, la totalidad del hormiguero reconocerá los sórdidos planes de las hormigas líder. Las hormigas dejarán de cavar túneles hacia el este, túneles hacia el oeste, túneles hacia el norte y túneles hacia el sur. Jamás volverán a cavar hacia el interior. Olvidarán sus falsas diferencias y cavarán unidas hacia la superficie, emergiendo en un próspero y luminoso mundo donde las posibilidades son ilimitadas. La nueva luz realzará la belleza de sus alas y, conscientes de su verdadera naturaleza, se unirán por siempre en una nueva vida, repleta de amor y esperanza”.

 Carlos Martín – 2013

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