Las alas de las hormigas

Los mecanismos de la conciencia colectiva

masacritica

La amplia mayoría de seres humanos ansiamos un cambio de conducta global que nos transporte a un mundo sostenible, en el que se respete el medioambiente y los derechos humanos. Sin embargo mostramos una clara incapacidad para manifestar ese escenario. ¿Qué nos falta? ¿Cuál es el ingrediente necesario del que actualmente carecemos? Un nuevo líder no, desde luego, ya hemos probado y sufrido suficientes modelos de liderazgo como para saberlo. ¿Entonces que nos falta? La respuesta es tan simple como incuestionable y proviene de la comprensión de los mecanismos que se desarrollan en la conducta colectiva. Verás, existe un patrón absoluto que se reproduce en todos y cada uno de los comportamientos grupales que contiene la naturaleza, en todos sin excepción. Lo hallarás en un conjunto de organismos unicelulares, en una nube de mosquitos, un banco de peces, un rebaño de ovejas y en cualquier modelo de comportamiento grupal que decidas observar, incluido el humano. El patrón es el siguiente: cuando una conducta se llega a reproducir en más de la mitad de los miembros que forman un grupo (el 51%), el resto (el 49%) la reproducirá rápidamente. Llamamos a este patrón masa crítica y no es un descubrimiento reciente, hace tiempo que lo aplicamos conscientemente en numerosos contextos, entre ellos la política, la dinámica de grupos, la publicidad, el marketing, la opinión pública y la moda. Pero lo verdaderamente extraordinario de este patrón de comportamiento grupal es que puede superar las barreras físicas. Te pongo un ejemplo: los sonidos de alta frecuencia de la ballena franca recorren distancias de varios kilómetros en el medio oceánico. Esta hermosa cualidad permite a los diferentes miembros de una sola manada permanecer agrupados a cierta distancia. Si una de las ballenas llegase a rebasar el límite marcado por la frecuencia más débil del sonido emitido por sus compañeras, se extraviaría irremediablemente. Lo interesante es que una vez al año, en el conjunto de la especie, ocurre algo extraordinario: las manadas del Atlántico Sur cambian las melodías más comunes por otras completamente nuevas y exactamente al mismo tiempo las manadas del otro hemisferio comienzan a cantar la misma canción. Esto está probado científicamente. Entonces ¿cómo puede trasladarse la información entre miembros de la misma especie si están completamente aislados unos de otros? ¿Y de forma instantánea? ¿Circula por un plano cuántico de la realidad que no está condicionado por los límites del espacio y el tiempo? Si es así ¿qué criterio sigue este plano para proceder a repartir la información entre los diferentes seres vivos? Sólo existe un requisito: la conciencia colectiva. Encontraremos tantos ejemplos de ello en la naturaleza como estemos dispuestos a buscar, empezando por el ser vivo más grande y acabando por el más pequeño. Las hormigas, sin ir más lejos, se organizan en pequeñas colonias perfectamente funcionales que aún estando separadas unas de otras, trabajan de forma simultánea para buscar alimento, regular su temperatura colectiva, decidir sus mudanzas o coordinar ataques cuando son agredidas. Su campo de conciencia colectivo está tan consolidado que la información fluye de forma constante entre individuos completamente aislados. Aunque se ha comprobado que lo que cada hormiga sabe del todo es limitado, la suma de diferentes pequeños fragmentos de información permite una conducta colectiva claramente conveniente para el grupo. Es esa percepción de unión entre los diferentes individuos de una especie, esa conciencia colectiva, la experimentación de una masa crítica permanente, lo que permite que la interacción con el plano cuántico donde se almacena la información llegue a suceder. Y esa relación no se limita a los sujetos de una sola especie. La mayoría de los animales tienen la extraña habilidad de predecir terremotos. Algunos incluso logran detectar que algo está mal con la “Madre Tierra” con una semana de antelación, según el Servicio Geológico de EEUU. En nuestra especie este proceso natural está siendo impedido y lo estamos aceptando pasivamente cada vez que pensamos en términos de “nosotros y ellos”. Mientras sigamos pensando que el extranjero es diferente, que el que profesa otra religión es diferente, que el que tiene otro color de piel o vive en otro sitio es diferente, seguiremos evitándolo. Debemos derribar las barreras que nos impone la división y percibir tanto a la especie humana como al resto de seres vivos del planeta como lo que realmente son: una maravillosa unión en la diversidad. Mientras permanezcamos en la ilusión de la separación, seguiremos renunciando a nuestro verdadero potencial humano y retrasaremos la llegada de un nuevo paradigma de colaboración universal.

Carlos Martín “Las alas de las hormigas” – 2013

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