Las alas de las hormigas

Tratando de controlar el clima

locura

De forma agrupada, los satélites meteorológicos de China, EEUU, la UE, Canadá, India, Japón y Rusia proporcionan una observación casi continua del estado global de la atmósfera, a una escala muy detallada, en la que pueden identificarse los patrones nubosos y la circulación de los vientos, así como los flujos de energía que generan los fenómenos meteorológicos. Varias veces al día, los datos procedentes de las estaciones meteorológicas, los barcos y los satélites llegan a los servicios regionales. Ellos se encargan de centralizarlos, analizarlos, explotarlos y establecer previsiones sobre el tiempo clave que hará en los días venideros. Como las observaciones se repiten cada tres horas, la sucesión de los mapas y diagramas permite apreciar la evolución sinóptica, viendo cómo las perturbaciones se forman o se resuelven, como cambian la presiones y las temperaturas, si aumenta o disminuye la fuerza del viento, si cambia de dirección o si las masas de aire que se dirigen hacia tal región son húmedas, secas, frías o cálidas. Con una información tan detallada, parece bastante fácil prever la trayectoria que seguirán las perturbaciones y saber el tiempo que hará en determinado lugar, al cabo de uno o varios días, pero no lo es. En realidad, la atmósfera es una gigantesca masa gaseosa tridimensional y turbulenta, en cuya evolución influyen tantos factores que uno de éstos puede ejercer, de modo imprevisible, una acción preponderante que trastorne la evolución prevista en toda una región. Así, la previsión del tiempo es tanto menos insegura cuanto menor es la anticipación y más reducido el espacio observado. Si el despliegue tecnológico existente no puede anticiparse con seguridad a las reacciones naturales del clima, ¿como puede la élite desfigurar las condiciones climáticas con sus experimentos de terraforming y predecir las consecuencias?. Muy sencillo, no puede. De la misma forma que la tecnología no podrá dominar jamás la evolución del ADN, tampoco será capaz de dominar la climatología de la Tierra. La élite ya debería saber que en la complejidad del universo convergen factores que la ciencia no ve ni comprenderá jamás. Su prepotencia, su ambición desmedida y su extremo egoísmo les ciega.

En el Foro de Competitividad Global 2011, celebrado en la Cumbre de Riyadh en Arabia Saudí, al que acudieron los líderes del mundo empresarial, uno de los divulgadores científicos más conocidos del mundo, Michio Kaku, pronunció un discurso que definía con claridad el rumbo con el que la élite pretende guiar a la humanidad. En su discurso clasificaba la evolución de las civilizaciones en tres tipos: tipo 1, tipo 2 y tipo 3:

La civilización de tipo uno tiene el poder sobre todo el planeta, controla el tiempo climático, los volcanes, los océanos y los terremotos. Sería una civilización planetaria. El tipo de civilización dos controla la energía de la estrella, pueden jugar con las estrellas, son inmortales, nada conocido por la ciencia podría destruir a una civilización del tipo dos. Pueden modificar edades de hielo y meteoros, cometas pueden ser desviados y ni siquiera la muerte de su propio Sol es un problema para ellos. Pueden mover su planeta, producir una re-ignición de su estrella o simplemente encontrar otra estrella en el espacio. Luego tenemos el tipo tres. Este tipo de civilización es galáctico. Controla la energía de toda la galaxia. Para mi personalmente es muy interesante porque esta civilización podría controlar la energía Planck, que es la energía en la cual el espacio se vuelve inestable y comienza a hervir. Habrían quizás puertas espaciales y agujeros de gusano hacia otras dimensiones que podrían utilizar estas civilizaciones. La dificultad reside en la transición entre una civilización cero y una civilización uno, y ahí es donde nos encontramos hoy. Estamos en una civilización tipo cero, obteniendo la energía de plantas muertas: petróleo y carbón. Pero con ayuda de una calculadora es fácil determinar cuándo nos convertiremos en una civilización tipo uno: dentro de unos 100 años. Para entonces podremos sacar toda la energía disponible del planeta Tierra: volcanes, fenómenos meteorológicos… ¿Qué es internet? Es un sistema telefónico de civilización tipo uno. ¿Qué es la UE? Es el principio de la economía de tipo uno. Michio Kaku

Aunque el deseo de controlar totalmente el clima pueda parecer más propio de una película de James Bond, es algo real para la élite. Como si de un organismo parasitario se tratara, se apropian de la imaginación y el poder creativo de la humanidad, para desviar el rumbo de su evolución natural hacia uno totalmente diferente, artificial y desalmado. Control, control y control. Su visión de la vida en el universo es puramente física y permanecen ciegos ante los múltiples factores que convierten sus planes en algo absurdo e irrealizable. Son un puñado de viejos locos que ambicionan llegar a ser dioses y no comprenden que, de seguir adelante con sus planes, lo único que podrían llegar a provocar es la desaparición de la vida en la Tierra, incluyéndoles a ellos y a todo cuanto puedan apreciar.

 Carlos Martín “Las alas de las hormigas” – 2013

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