Las alas de las hormigas

Los valores cambian

valores

Los grandes cambios que experimentamos en la vida vienen determinados por el valor que damos a aquello que ocupa nuestra intención. De niños le damos valor al juego, en la adolescencia a las relaciones, en la etapa adulta a nuestra realización y en la fase final de nuestra vida valoramos el amor por encima de todo. Esos cambios vitales no suceden de forma repentina. No nos acostamos un día siendo niños y despertamos siendo adolescentes. Solemos necesitar un tiempo para adaptarnos a esa nueva forma de sentir la vida. Si dejamos atrás la oscuridad de un túnel subterráneo necesitaremos unos segundos para aclimatar nuestra vista al resplandor de la luz en la superficie. No obtendremos, de forma instantánea, una visión clara de cuanto nos envuelve. La nueva imagen aparecerá como un leve bosquejo y se irá dibujando gradualmente, cada vez más rápido, hasta que en un movimiento rápido… ¡zas!… se definirá por completo. Hay razones para pensar que la humanidad está saliendo de ese túnel y de forma lenta pero progresiva se está esbozando una forma más consciente de valorar la existencia. Atravesamos un lento pero definitivo proceso de cambio en que un nuevo paradigma acabará necesariamente por sustituir el actual. El conocido empresario y ecologista Paul Hawken calcula que ahora mismo hay más de un millón de organizaciones y movimientos solidarios que trabajan para conseguir justicia social y medioambiental en nuestro planeta. Se trata de la fuerza activista por el cambio más poderosa que ha existido nunca y es tan solo el principio, el preludio de lo que está por venir. Se trata de millones de seres humanos conscientes, hormigas aladas, que intuyen la verdad acerca de nuestra existencia y cavan hacia la superficie, rumbo a la conciencia, el amor, la verdad. Ellos se han esforzado, han librado incontables batallas en su interior, las han vencido y ahora disfrutan del botín. Lograron derrotar al miedo y obtuvieron la voluntad, que es intención en estado puro. Nadie es mas voluntarioso ni posee mayor convicción que aquél que posee conciencia, aquél que reconoce la verdad en sí mismo y en cuanto le rodea, aquél que distingue su verdadero papel en este maravilloso juego que es la vida. La conciencia es esencial para vivir una vida plena y su conquista es sin duda el mayor de los logros, un tesoro evolutivo que permitirá a la humanidad dejar atrás la adolescencia para abrazar la madurez. Que no te confundan las innumerables demostraciones de violencia, corrupción, egoísmo y división que salpican el mundo. Hace más ruido un árbol al caer que millones de briznas de hierba al crecer. La hierba esta creciendo y mucho. El carácter explotador que sostiene nuestro sistema resulta cada vez más evidente y existe un sentimiento generalizado de creciente decepción y desconfianza hacia todos los organismos que deberían estar guiándonos hacia una salida. El discurso pueril de nuestros líderes políticos, religiosos o financieros ha perdido toda credibilidad y escucharlo es como masticar papel mojado, sólo sabe a manipulación. La élite ha utilizado toda clase de artimañas para lograr corromper y dividir a la humanidad. Llevarlas a cabo siempre ha dependido del mismo factor clave: debíamos permanecer en la inconciencia. Y así ha sido durante milenios, pero ya sentimos la necesidad vital de cambiar, nuestra intención no puede permanecer atascada eternamente y la necesidad de nuevos valores crece en nuestro interior. Necesitamos crecer y la nueva condición en la evolución humana es sin duda: la conciencia. De nada servirá tratar de enfrentar a un ser humano consciente contra aquello o aquellos a quiénes ve como partes de sí mismo, o tentarlo con argumentos basados en la fisicalidad. Este humano es mucho más sabio, más fuerte y más seguro, se siente unido a todo y a todos, maneja a voluntad sus estados y escoge con conocimiento sus acciones, no acepta para sí mismo el miedo o la división, únicamente acepta la verdad y ejerce de embajador del amor en cualquiera de sus formas. Muchas personas, aún perdidas en los laberintos de la inconciencia afirman que “el amor duele” pero no pueden estar más equivocadas, el amor no duele, duele la inhibición del amor. Si estás triste y deprimido es porque en el interior encadenas y oprimes tu amor, atrayendo de forma inconsciente aquellas ilusiones que lo reprimen. Destrúyelas, haz consciente lo inconsciente y liberarás tu capacidad de amar y ser feliz. Si vuelves atrás en tu memoria y tratas de hallar aquellos momentos de tu vida en que sentiste verdadera felicidad, comprobarás como el amor, en cualquiera de sus formas, revoloteaba dentro de ti. ¿Quieres revivir esa felicidad? Entonces debes esforzarte y hacer consciente lo inconsciente. La conciencia lleva inevitablemente al amor y el amor a la conciencia. Los millones de hormigas que han realizado ese trabajo ya han logrado despertar, y su elevado número es la prueba viviente de que los valores y las intenciones han empezado a cambiar en el hormiguero. La influencia que ejerce su poder creativo sobre las demás hará que su número crezca de forma exponencial. Si llegan a alcanzar la masa crítica, el mundo vivirá un cambio a positivo como nunca hemos visto hasta ahora. Podríamos estar hablando del parto y nacimiento de una nueva conciencia colectiva humana, el detonante de un nuevo paradigma de vida en la Tierra y la caída del funesto paradigma que durante milenios ha sido impuesto por nuestras élites.

Carlos Martín “Las alas de las hormigas” – 2013

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