Las alas de las hormigas

La caída de las soberanías

prensa

En 1988, el BIS requirió que los banqueros del mundo elevasen su capital y reservas al 8% de disponibilidad para el 1992. ¿Qué es lo que ésta aparentemente insignificante regulación de un banco en una ciudad suiza significó para el mundo? Los años anteriores a la misma nuestros bancos repartieron crédito alegremente, forjando una inexistente prosperidad basada únicamente en deuda. Con la llegada de esta regulación, un máximo de préstamos quedaba establecido y se iniciaba el periodo de contracción. Para los poderes escondidos tras los Bancos Centrales empezaba la nueva cosecha. Aquellas naciones con las reservas bancarias más bajas en sus sistemas fueron las primeras en sentir el terrible efecto de la contracción crediticia. Sin suficiente capital propio y sin posibilidades de crédito lo primero que tuvieron que hacer estas naciones fue capitalizarse mediante la venta de sus valores, lo que deprimió sus mercados accionarios. Japón, que en 1988 estaba entre los países con menores reservas de capital, fue el más afectado por la regulación. Experimentó un quiebre financiero que comenzó inmediatamente en 1989 barriendo el alarmante 50% del valor de su mercado y el 60% del valor de sus inmuebles de comercio. El Banco de Japón bajó sus intereses al 0,5% arrojando dinero para resucitar su economía. pero aún así empeoró la depresión. Al poco tiempo, el país de Méjico fue rescatado con 20.000 millones de dólares, tras un colapso financiero que fue mundialmente conocido. La economía en ese país sigue desastrosa, una enorme deuda se cierne tras otra y los nuevos créditos se usan para pagar los intereses de los anteriores. En el sur del país, el pueblo mejicano se alzó en revueltas, viendo como cada peso de la reserva se fugaba del país para pagar intereses. Lo mismo sucede actualmente en otros países como Chipre, Grecia, Irlanda, Portugal, Italia o España. Salvo impedimento, no tardarán en unirse a ellos el resto de países, grandes potencias incluidas. Una radical transferencia de poder está teniendo lugar en que las naciones devienen sirvientes de los Bancos Centrales, perdiendo su soberanía. Los directivos de estas corporaciones son sobradamente conocidos por todos, pero sus accionistas privados, verdaderos dueños y artífices del sistema económico y financiero global, permanecen alejados de la luz pública. Escondidos tras la cortina, dirigen el mundo hacia un único objetivo: el establecimiento final de su ansiado “Nuevo Orden Mundial” (NWO).

Carlos Martín “Las alas de las hormigas” – 2013

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