Las alas de las hormigas

Una cortina de sociedades elitistas

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Las familias de la élite consiguen evitar la opinión pública permaneciendo escondidas tras una cortina de sociedades elitistas. Todas ellas tienen nombre, domicilio, sitios en internet y nóminas de miembros. Las más conocidas son la Comisión Trilateral (fundada por intereses coaligados de Rockefeller, Rothschild, Morgan, Warburg en 1973), el Instituto Real de Relaciones Internacionales (también conocido como Chatham House fundado en Londres en 1919), la Conferencia Bilderberg (asociación más informal de individuos poderosos que se reúnen anualmente desde 1954), y muy especialmente el neoyorquino Council on Foreign Relations (CFR), pero hay muchas más. Los poderosos miembros de estas sociedades elitistas son cuidadosamente seleccionados y los podemos ver ocupando los cargos de poder más importantes en todo el mundo. Infestan todas las banderas, credos o países y la mayoría de ellos no sabe nada acerca de los verdaderos objetivos a largo plazo con los que colaboran. No tienen ni idea de quién ocupa el extremo final de la pirámide y tampoco suelen cuestionárselo, no ven más allá de sus propios intereses y de los de las ideologías ilusorias con que han sido envenenados. Un soldado no pide una justificación cuando acaba con la vida de otros seres humanos, de los que no sabe absolutamente nada. No pregunta a sus superiores porqué tiene que cometer genocidio. Simplemente lo hace, porque es lo que le han ordenado. Su deber no es tener conciencia, sino renunciar a ella y depositar su confianza en la conciencia de su inmediato superior, que se supone tiene una visión más amplia de la situación. De superior a superior, se obtiene al final una estructura de seres humanos sin conciencia de aquello con lo que colaboran todos los días, totalmente confiados de que en la parte alta del organigrama alguien con cuya ideología ilusoria simpatizan sabe lo que está haciendo. Lo mismo vale para un político, un economista, un médico, un cura, un maestro o un periodista, su confianza ciega en la integridad de los ideales vertidos desde el piso superior hace que realicen su trabajo convencidos de que hacen lo correcto. A medida que descendemos en el organigrama, mayor número de personas encontramos y menos saben de aquello en lo que “realmente” participan. En la parte más alta de cada sector, encontraremos al miembro de una o varias sociedades elitistas. Estas sociedades logran esconder la verdadera naturaleza del conjunto estructural y permiten así coordinar las mismas políticas a través de sectores sociales aparentemente desvinculados e incluso opuestos. Lo acontecido en la sociedad todos los días, no surge de forma accidental, forma parte de un proyecto brillantemente gobernado por la élite y la gran mayoría de los que participan no sospechan de ello.

 Carlos Martín “Las alas de las hormigas” – 2013
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