Las alas de las hormigas

Una forma moderna de servidumbre

crisis

El FMI, el Banco Mundial, el BIS suizo, el Banco de Inglaterra, la Reserva Federal de EEUU (FED), el Banco Central Europeo (BCE) o el Banco de Japón son instituciones con un poder enorme, más del que nadie pueda imaginar. Son los propietarios de la megalítica deuda a la que están sometidos la mayoría de países, incluidas las potencias mundiales. Ingenuamente, los ciudadanos creen que éstos organismos ayudan a estabilizar la economía. Nada más lejos de la realidad, surgieron e instauraron su dominio sobre las naciones mediante guerras y métodos de puerta trasera y han diezmado permanentemente la capacidad de crecimiento de las economías, sembrando la deuda y desviando el oro resultante a las cuentas de sus accionistas privados. Estas entidades parasitarias son las únicas que tienen una noción real del panorama económico y por increíble que parezca no tienen ninguna obligación legal de compartirlo. En contra de lo que la mayoría de las personas creen, prácticamente ninguna nación imprime su propia moneda, lo hacen los bancos centrales, aplicando un interés que ellos mismos deciden. ¿Tiene esto algún sentido para alguien?. ¿Porqué un gobierno cedería a una entidad de carácter privado el poder legítimo de generar gratuitamente su propia moneda? Pues no es lo peor, lo que resulta verdaderamente inaudito es el hecho de que estos bancos parecen no tener límites a la hora de imprimir y prestar dinero. Su moneda no necesita apoyarse en metales preciosos por lo que la deuda que pueden ocasionar a los países y a  sus ciudadanos es prácticamente ilimitada. ¿Como originan esa deuda? Gracias al sistema de préstamo conocido como “Reserva Fraccionaria” que funciona de la siguiente forma: al Banco Central se le permite determinar la reserva física de dinero que cualquier entidad bancaria debe tener en sus cámaras. Especulemos con una reserva del 10%. Así que, si alguien deposita 10.000 € en el banco, el banco separa el 10% (1.000 €), lo guarda en la reserva y luego opera en el mercado con los 9.000 € restantes. Si por ejemplo, llega una persona al banco y pide un préstamo de 9.000 € para comprar un coche, el banco se los presta y ésta persona se compra el coche. Hasta ahí bien, pero al venderlo, el concesionario ingresa los 9.000 € de nuevo en otra entidad bancaria, que forma parte del mismo Sistema Bancario Central, con lo que éstos 9.000€ se consideran un nuevo depósito, pese a tratarse del mismo dinero. Se separa el 10% (900€) y se vuelven a prestar 8.100€ y así una y otra vez, hasta que el depósito inicial de 10.000€ se convierte en 100.000€. El sistema bancario ha multiplicado la deuda por diez sin apenas esforzarse pero, en realidad, sólo una parte del dinero que ha prestado está respaldado por oro, plata o metales preciosos (suponiendo que los 10.000€ del depósito inicial lo estuvieran). La mayor parte del dinero prestado no existe, es ficticio, se trata en realidad de un fraude en el que todos hemos caído y con el que desgraciadamente todos estamos dispuestos a colaborar. Con el sistema de reserva fraccionaria, la élite bancaria consigue crear fortunas de la nada, mientras el resto de nosotros tenemos que trabajar duramente para integrarnos en un sistema que nos impide crecer. El proceso utilizado para desangrar la economía es siempre es el mismo, tras inundar el mercado con dinero “ficticio”  (basado en deuda) la élite bancaria ya está preparada para cosechar dinero “real” (basado en oro, valores y propiedades). Los Bancos Centrales obligan a las entidades bancarias a aumentar sus reservas, con lo que se ven obligadas a cerrar el grifo del crédito y contraer la cifra de papel moneda circulante en el mercado. Como resultado, la economía no tarda en sumergirse en una depresión y entonces las fortunas pertenecientes a las familias de accionistas de los Bancos Centrales se multiplican degeneradamente, absorviendo cantidades indecentes de oro, valores y propiedades que surgen a la venta muy por debajo de su valor real. Esto ha provocado una forma moderna de servidumbre donde la masa de la sociedad trabaja para pagar su deuda con los Bancos Centrales y los gobiernos, cómplices o ignorantes, no hacen nada por impedirlo. Para constatar y entender completamente esta situación, te invito a observar con detenimiento nuestra historia (en el tercer capítulo del libro). Al hacerlo descubrirás como repetimos una y otra vez el mismo proceso inflación-contracción-depresión y como estos pocos ricos y poderosos han logrado instaurar la deuda a escala mundial usando todo tipo de argucias que incluyen sistemáticamente la división, el asesinato y la guerra.

 Carlos Martín “Las alas de las hormigas” – 2013

 
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